"Rumanía en la Primera Guerra Mundial” hasta el 4 de noviembre en Barcelona

Al igual que antes en Toledo, o en Valencia, en el marco de la conmemoración del Centenario de la Primera Guerra Mundial y de la Gran Unión, el Instituto Cultural Rumano, con la colaboración de la Delegación de defensa de Barcelona, del Consulado General de Rumanía en Barcelona, del Museo Nacional de Historia de Rumanía y bajo los auspicios de la Embajada de Rumanía en el Reino de España, organiza la exposición “Rumanía en la Primera Guerra Mundial”, del 17 de octubre al 4 de noviembre de 2018.


La exposición presentará -a través de las fotografías y de los documentos expuestos que muestran personas, lugares y hechos- la historia paso a paso de la guerra y de la unificación de la nación rumana.

La colección de objetos que pertenece a la familia “Herranz-Teodorescu” completa el discurso expuesto a través de la serie de paneles que contiene textos y fotografías de la época mencionada.

No se trata solamente de realizar una presentación de la Primera Guerra Mundial, sino también de acercar al visitante al ambiente de la época, de presentar una documentación fotográfica sobre los acontecimientos, reforzada por un recorrido visual de los objetos expuestos, lo que permitirá a los visitantes sumergirse en la realidad de la vida durante la Gran Guerra

Lugar: Centro de Historia y Cultura Militar Pirenaico
Dirección: Plaça Portal de la pau, s/n, 08002 Barcelona
Horario: de lunes a viernes de 9.00h a 13.45h

"Rumanía en la Primera Guerra Mundial” hasta el 14 de octubre en el Museo Histórico Militar de Valencia

En el marco de la conmemoración del Centenario de la Primera Guerra Mundial y de la Gran Unión, el Instituto Cultural Rumano, con la colaboración del Museo Histórico Militar de Valencia, del Consulado de Rumanía en Castellón de la Plana, del Museo Nacional de Historia de Rumanía y bajo los auspicios de la Embajada de Rumanía en el Reino de España, la exposición “Rumanía en la Primera Guerra Mundial”, podrá disfrutarse en Valencia del 12 de septiembre al 14 de octubre de 2018.




La exposición presenta -a través de las fotografías y de los documentos expuestos que muestran personas, lugares y hechos- la historia paso a paso de la guerra y de la unificación de la nación rumana.

La colección de objetos que pertenece a la familia “Herranz-Teodorescu” completa el discurso expuesto a través de la serie de paneles que contiene textos y fotografías de la época mencionada.

No se trata solamente de realizar una presentación de la Primera Guerra Mundial, sino también de acercar al visitante al ambiente de la época, de presentar una documentación fotográfica sobre los acontecimientos, reforzada por un recorrido visual de los objetos expuestos, lo que permitirá a los visitantes sumergirse en la realidad de la vida durante la Gran Guerra.

Más info en: http://www.rumaniaprimeraguerramundial.com/

Museo Histórico Militar de Valencia
Dirección:
C/ General Gil Dolz nº 6
46010 - Valencia


Acceso:

  • Autobuses: Líneas 1, 2, 3, 4, 10, 12, 32, 79, 80 y 95
Metro:
- Estación de la Alameda: Líneas 3, 5, 7 y 9
- Estaciones de la Alameda: Líneas 5 y 7


Horario:

Martes a sábado de 10:00 A 14:00 horas y de 16:00 A 20:00 horas
Domingos y festivos de 10:00 A 14:00 horas
Lunes cerrado

Entrada gratuita
Visitas de grupo: Concertando cita previa al contacto:
  • Tf: 96 196 62 15.
  • Fax: 96 196 62 15.

Mila 23, entre la tierra y el Mar Negro

Es Mila 23, un pueblo de 450 habitantes (censo de 2011), situado en una isla deDelta del Danubio, en el que a principio del siglo XX vivían tan solo 3 familias.

En aquel entonces era un lugar tan aislado, que casi se queda sin nombre, pues ni siquiera se habían preocupado mucho en buscárselo, así que este se quedó en “Mila 23”, (“Milla 23”), que sencillamente proviene de la milla marina asignada a la zona y que marcaba la distancia en la antigua rama del Danubio de Sulina.

A Mila 23 se llega solo en barco, después de atravesar un bosque de juncos y nenúfares. Es un pueblo de pescadores, cuyas casas, en su mayoría pintadas de azul, están colocadas en una única fila a lo largo del Danubio. Allí conviven desde hace siglos ucranianos, rusos, lipovenos (rusos de rito antiguo) y algún turco. Son un modelo de convivencia,casi sin darse cuenta. De hecho, la buena convivencia entre etnias– más de 15 - es una característica de todo el Delta del Danubio, que se nota desde la mera entrada en los pueblos, donde los carteles están en rumano, ruso o turco, hasta los vestidos típicos en los días de fiesta, en la gastronomía o en la multitud de idiomas que puedes escuchar en la calle. Todo esto forma un mosaico impresionante que, sin lugar a dudas, da gran riqueza a una de las zonas más multicultural de la ya multicultural Rumanía.

Los rusos lipovenos

Puede que el grupo más curioso lo formen los rusos lipovenos. Este grupo de población desciende de rusos que huyeron de Rusia durante el siglo XVIII, pues eran perseguidos por no haber aceptado una reforma de la iglesia ortodoxa rusa. Parece que incluso Catalina la Grande mandó una expedición militar a capturarlos y llevarlos de vuelta a Rusia, pero parece que aquella expedición terminó por unirse a los fugados y se quedaron a vivir en el delta. Hoy viven en toda esta zona, su oficio tradicional es la pesca, continúan practicando la religión por la que huyeron de Rusia (son conocidos también como “Ortodoxos de Rito Antiguo”), hablan una variante propia del ruso antiguo, y conservan muchas de sus costumbres ancestrales.

En Mila 23, como en toda la zona, se han dado cuenta que aparte de ser pescadores, como sus antepasados, se pueden dedicar al turismo. Y así, en los últimos años, han florecidos las casas rurales o pensiones bien equipadas (incluso con wifi, un recurso habitual incluso en los rincones más perdidos de Rumanía) que reciben con los brazos abiertos a los turistas. Y dadas las circunstancias geográficas, los pequeños hoteleros se han juntados con los pescadores que les proveen el pescado más fresco imposible para ofrecer las comidas y con los patrones más carismáticos para pasear en sus barcos a los turistas o para sencillamente acompañarles a pescar. Gran trabajo en equipo, ¿no?


Un paraíso turístico

Y por si os preguntáis qué puede hacer uno en Mila 23, hay paquetes turísticos que incluyen el traslado desde Tulcea (a donde llegan los medios de transporte convencionales: tren, bus, coche, etc), alojamiento, comida y excursiones diarias, a precios muy razonables. Por ejemplo se organizan excursiones por los pintorescos canales (ej. Sontea, Eraccle u Olguta) o por lagos del Delta (ej. Lideanca, Treiiezere, Bodaproste, Matita, Arehova, Babina, Nebunusau Fortuna), para admirar sus paisajes únicos, su fauna y su flora que han hecho que Delta del Danubio sea declarado Patrimonio Mundial de la UNESCO en el año 1991. Se pueden visitar reservas de pelicanos, cisnes o cormoranes o sencillamente disfrutar de una sesión de pesca y de unos atardeceres únicos.

Los viajes por los canales se pueden hacer en lanchas motoras, para grupos de hasta 15 personas, según el tamaño de la lancha, y que llevan a zonas más accesibles, o en barcos a remo para 1-2 personas, que se atreven por los canales más estrechos donde casi solo los pájaros se hacen hueco entre los juncos que apenas dejan entrever los rayos del sol. Otra visita clásica es al Bosque de Letea, lugar de altísimo valor ecológico, poblado por interesantes especies vegetales autóctonas y donde todavía viven caballos salvajes; se trata del bosque sub-tropical situado más al norte de Europa, formado por dunas de arena.No menos interesantes son algunos pueblos de la zona, todavía más aislados que Mila 23, su arquitectura y sus gentes merecer también ser conocida.

Para resumir, Mila 23 es un pueblo que ha sabido conservar el encanto de tiempos pasados y ha logrado acercarse a la vez a las modernidades de hoy en día, al menos, todo lo que su localización geográfica le ha permitido. 

Desde luego, vale la pena visitar este pueblo, conocer a su gente (os va a sorprender, o no, que varias de sus familias han pasado temporadas por trabajo en España y han vuelto allí para montar sus pequeñas pensiones, y como en tantos otros lugares de Rumanía el viajero puede ser atendido en Español) comer su “bors” (sopa típica de influencia rusa) y vivir una sensación única: estar aislado del mundo, a la vez que disfrutar de todas las comodidades a las que estamos acostumbrados.

Un pueblo lleno de olímpicos

Pero hay otra peculiaridad de este pequeño pueblo, que no podemos ignorar: Mila 23 ha dado 12 campeones olímpicos, mundiales y europeos de piragüismo.

Ivan Patzaichin
El más famoso de ellos, Ivan Patzaichin, con 22 medallas ganadas en  el Campeonato Mundial de Piragüismo entre los años 1970 y 1983, 7 medallas en los  Juegos Olímpicos de Verano entre los años 1968 y 1984 (4 de oro y 3 de plata) y una medalla en el Campeonato Europeo de Piragüismo de 1969, confiesa que “no lo sabe si ha nacido en agua o en tierra”, pero que cuando era pequeño, el pueblo se inundaba muy a menudo y “para llegar al colegio o hasta para ir a ver a los vecinos de enfrente tenían que coger el barco”.


Sin lugar a dudas, la necesidad fue sido el primer factor que impulsó a estos campeones y, a posteriori,ello se han convertido en modelos a seguir. Pero hoy en día estos modelos  se han ido olvidando poco o poco y los más  jóvenes parecen no estar ya tan interesados en practicar estos deportes, y buscan las gran ciudad con sus diversiones antes que pasar horas remando en un barco por los canales del Danubio. Bueno, no podemos culparles de lo que nosotros también haríamos, ¿o no?


Para saber más:

Reserva de la Biosfera del Delta del Danubio:
Web de la Comunidad Rusa Lipovena de Rumanía.
http://www.crlr.ro/index.php