¿París? No, Bucarest

A primera vista pudieran parecer Los Campos Eliseos y el Arco del Triunfo parisino, pues no, se trata de una monumental avenida algo más grade que la parisina, llamada Şoseaua Kiseleff (Avenida Kiseleff) y está situada en plena capital rumana.



Un poco de historia
Igual que el parisino, el Arco del Triunfo (Arcul de Triumf en rumano) recuerda a los miles de ciudadanos rumanos que han muerto defendiendo sus fronteras. El Arco actual data de 1936, sin embargo previamente existió uno provisional que ya recordaba la victoria en la Primera Guerra Mundial, pero su estado no debía ser el más adecuado, pues en un principio no se había configurado como un arco permanente. Y seguramente otro todavía más antiguo que conmemoraba la independencia.

Los donativos de miles de rumanos (se habla de 7 millones de lei de la época) permitió que el arquitecto Petre Antonescu convirtiera su arco provisional en uno definitivo, para lo que también trabajaron algunos de los mejores escultores rumanos del momento. Su inauguración el 1 de diciembre de 1936, justo el día que se celebraba el 18 aniversario de la incorporación de Transilvania a Rumanía, fue presidida por los monarcas rumanos y al acto acudieron numerosos mandatarios extranjeros.


Un paseo por el pequeño París
La zona en la que se encuentra el Arco bien merece un paseo pausado. Un paseo que nos ayudará a entender la razón por la cual se llamaba a Bucarest “el París del Este”, o "el pequeño Paris", pues en la zona permanecen algunos de aquellos edificios de principios del siglo XX que sobrevivieron a la locura destructiva a la que Ceaucescu sometió la ciudad. Y si es 1 de diciembre, se pueden ver a los soldados desfilando dajo el imponente arco, que tras una recentísima restauración luce casi como el día en que lo inauguraron.

Fotografía/Fotografie: Rubén Herranz

2 comentarios:

Banyuken.es dijo...

Pasarme por aquí siempre me provoca una oleada de nostalgia. Pero de la buena. Muchas gracias.

Rubén dijo...

Gracias a ti. También se escribe con mucha nostalgia, especialmente ahora que llega la nieva, con la que Bucarest es... muy Bucarest